Pararse o no ¿?
Un poco de humor ...nada serio

Buena Educación
En : El Nacional 06/05/2007 - El libre pensador.
Por Claudio Nazoa
¿Qué hacer en caso de no querer ceder el puesto a una mujer embarazada o a un ancianito en el metro?
El problema es más bien un asunto filosófico, porque vamos a estar claros, no hay nada peor en el mundo que trasladarse de un sitio a otro. Lo ideal sería ser como los árboles: nacer en un sitio y que toda nuestra vida transcurriera allí, hasta la hora de nuestra muerte.
Vivir pegado eternamente al piso tendría, por ejemplo, la ventaja de que no existirían los automóviles y por lo tanto no habría colas ni contaminación. No haríamos el amor, por lo que no se producirían embarazos no deseados ni existirían enfermedades de transmisión sexual.
Si no camináramos, usted no tendría que viajar en el metro y por supuesto, no se plantearía el dilema moral de ceder el puesto a una mujer embarazada. Además, ¿acaso la mujer embarazada le cedió en su cama el puesto a otra mujer el día o la noche que la embarazaron?. Y otra lógica pregunta: ¿en qué desperdició el dinero que ganó en su juventud el ancianito que no tiene para comprar un carro y que ahora, por jorobar la paciencia, viaja en metro sólo por el placer de molestar a los jóvenes que vamos cómodamente sentados?

Buena Educación
En : El Nacional 06/05/2007 - El libre pensador.
Por Claudio Nazoa
¿Qué hacer en caso de no querer ceder el puesto a una mujer embarazada o a un ancianito en el metro?
El problema es más bien un asunto filosófico, porque vamos a estar claros, no hay nada peor en el mundo que trasladarse de un sitio a otro. Lo ideal sería ser como los árboles: nacer en un sitio y que toda nuestra vida transcurriera allí, hasta la hora de nuestra muerte.
Vivir pegado eternamente al piso tendría, por ejemplo, la ventaja de que no existirían los automóviles y por lo tanto no habría colas ni contaminación. No haríamos el amor, por lo que no se producirían embarazos no deseados ni existirían enfermedades de transmisión sexual.
Si no camináramos, usted no tendría que viajar en el metro y por supuesto, no se plantearía el dilema moral de ceder el puesto a una mujer embarazada. Además, ¿acaso la mujer embarazada le cedió en su cama el puesto a otra mujer el día o la noche que la embarazaron?. Y otra lógica pregunta: ¿en qué desperdició el dinero que ganó en su juventud el ancianito que no tiene para comprar un carro y que ahora, por jorobar la paciencia, viaja en metro sólo por el placer de molestar a los jóvenes que vamos cómodamente sentados?
Etiquetas: Claudio Nazoa, Dilema, El Nacional, Metro, Pararse, Pasajero